Lo que aprendí viajando con TrustedHouseSitters

Este año lo empecé con una mochila de 40 litros y el corazón lleno de sueños. Mientras seguía trabajando en mis proyectos con Diversidad&Desarrollo y la Fundación Capital, decidí lanzarme a una aventura distinta: hacer dog sitting a través de TrustedHouseSitters. La idea era sencilla: cuidar perros y casas mientras dedicaba tiempo para mi trabajo y nuevos libros. Sin embargo, encontré algo mucho más profundo: una manera diferente de relacionarme con las personas, con el viaje y conmigo misma.

Mi primera experiencia no pudo ser más perfecta. Alemania me recibió con paisajes verdes infinitos, una familia adorable y una perrita tímida que, después de unas horas, se ganó mi corazón a base de lametones y muestras de cariño. Pía y yo nos hicimos compañía durante semanas en un pueblito del sur de Alemania, disfrutando de largos paseos, horas y horas trabajando y escribiendo frente al ordenador, y noches de peli y manta acurrucadas en el sofá. Además, Ella (de origen israelí) y su familia alemana me acogieron con los brazos abiertos y una sonrisa inmensa. Entre conversaciones y gestos amables, me mostraron una Alemania que jamás habría conocido de no ser por ellos. Además, tuve la suerte de compartir momentos con Joel, el vecino canario que me descubrió los choques culturales más extraños que un español podría vivir en este curioso país.

Pía en las calles de Heidelberg

Después llegó el turno de Lara en Países Bajos. A las afueras de Ámsterdam, descubrí la belleza de la rutina tranquila junto a una abuelita de doce años que adoraba dormir al sol, recordándome que la ternura también está en las cosas lentas. Allí, tuve la suerte de conectar con Jacqueline, que me abrió su corazón y me compartió sus inquietudes y preocupaciones actuales. También conté con el apoyo incondicional de Tanya, la vecina ucraniana que me invitaba cada domingo a tomar té en la calidez de su hogar. El país también me ofreció un viaje al pasado, retomando el contacto con un viejo amigo músico y reviviendo mi adolescencia al volver a verle tocar en directo. La diversidad cultural de Ámsterdam y el atardecer sublime en las playas de Noordijk (¡con Lola, la perrita de Marcos!) me cautivaron por completo.

Lara caminando por Aalsmeer

Más tarde, Bruselas me permitió disfrutar del reencuentro con personas maravillosas que han marcado un punto de inflexión en mi vida.  Mis estancias con Jojo y con George fueron una oportunidad para descubrir la vida en Bélgica, para vivir momentos inolvidables con los epicuruteros, y para conocer lugares y personas con una visión del mundo muy diferente.

Comida de Epicuruteros a las afueras de Bruselas

El Albania, Leela me transmitió todo su amor y ternura en cada mirada. La perrita de Greyson (un joven escritor con mucho talento) irradiaba luz y bondad por cada poro de su fuerte cuerpo de pit bull terrier americano, haciendo que me derritiera cada vez que me miraba con sus dulces ojitos. Jamás podré olvidar el amor que Leela me ofreció, en medio del caos y la vida frenética de Tirana. Sin embargo, este país también supuso un gran descubrimiento: plagado de historia y belleza natural, ríos y montañas, incluso alcancé a ver lugares fascinantes a su alrededor, como Macedonia del Norte y Kosovo.

La dulce mirada de Leela

Por último, en Portugal me esperaba una familia irlandesa adorable que depositaron toda su confianza en mí para cuidar de “las chicas”, Diva y Kiki, además de su preciosa casa frente al mar del Algarve. Desde el primer momento, Caroline y Ken me hicieron sentir en casa, incluso invitándome a sus cenas con amigos y compartiendo botellas de vino mientras conversábamos sobre su historia de vida. Además, gracias a esta oportunidad, encontré un pequeño paraíso en la tierra: pequeños pueblitos soleados salpicados por montañas, bosques y playas de ensueño.  

Kiki y Diva al amanecer frente al mar del Algarve

Estas experiencias han dejado una huella profunda en mi corazón: personas que confiaron en mí sin conocerme, familias que me dejaron sus llaves, sus rutinas y lo más valioso que tienen: sus animales. Cada gesto de amabilidad —un abrazo, una nota en la nevera, un vino compartido, una charla profunda sobre nuestros sueños— me recordó que el mundo es más bondadoso de lo que a veces creemos.

Y luego están ellos, los verdaderos protagonistas: los perros. Cada uno con su personalidad, sus manías, sus temores y sus alegrías. Me enseñaron a adaptarme, a observar, a estar presente. A celebrar los paseos largos y los abrazos profundos; las miradas que hablan y el contacto piel con piel. A entender que, aunque cambien los países, los acentos y las ventanas desde las que miro el amanecer, hay un lenguaje universal: el del cariño sincero.

Viajar así también me enseñó algo clave: salir de la zona de confort no es solo emocionante, es transformador. Te obliga a confiar en la vida, a abrirte, a improvisar. Descubrí lo liberador que resulta trabajar desde cualquier lugar, la importancia de ser flexible y de fluir con la vida, y que la diversidad cultural también se vive —y se siente— en cada esquina, cada conversación, cada nueva costumbre que adopto sin darme cuenta.

Este año ha sido un recordatorio de que el mundo está lleno de puertas abiertas si aprendemos a mirar con curiosidad y gratitud. Ojalá el próximo traiga nuevas aventuras, nuevos hogares que cuidar, nuevas historias perrunas y nuevas amistades inesperadas. Yo, desde luego, estoy lista.

Gracias por acompañarme durante este viaje.
Que estas fiestas te encuentren rodeado de cariño y de las maravillosas que ofrece la vida.

Y, si quieres seguir viajando conmigo, te invito a regalarte —o regalar por Navidad— mi nuevo libro. Estoy segura de que te llevará lejos sin necesidad de hacer la maleta.

2 Comments

  • Silvia López dice:

    Hola,Raquel,
    hermosas experiencias has vivido este año
    te has iniciado en una actividad nueva,el cuidado de las mascotas.
    vemos por lo que cuentas que atesoras recuerdos de afecto y amistad.
    La ciudades que has visitado son ricas en historia y en cultura .
    Las personas que conociste eran estupendas.
    Y ,por fin ,los perritos adorables,que han dejado en tu corazón y tu memoria,
    mucho amor.Un abrazo.

    • Raquel dice:

      ¡Muchas gracias por tus comentarios, Silvia! Una forma diferente de viajar que me ha llenado de experiencias, vínculos diversos y un amor profundo desde el corazón de cada animalito que he tenido la suerte de cuidar. ¡Totalmente recomendado! 🙂
      Un abrazo fuerte.

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