Ser mujer inmigrante en España: discriminación y vulnerabilidad

El proceso migratorio es una realidad que llega a todas partes del mundo, y puede darse por motivos diferentes: laborales, familiares, políticos, persecución por cuestiones de género, raza, religión o identidad sexual, conflictos armados, catástrofes naturales, búsqueda de nuevas oportunidades, etc.

Anteriormente, hemos hablado de la migración por cuestiones de asilo y refugio. También hemos abordado cuestiones como el choque cultural inverso, o los desafíos de las parejas interculturales.

En esta ocasión, con motivo de la obra de teatro que disfruté hace poco, “Las latinas son”, me gustaría abordar una temática concreta: la situación que enfrenta la mujer inmigrante en mi país, España.

La realidad de las mujeres latinas en España

Invisibilizada en muchos casos, lo cierto es que la mujer latinoamericana enfrenta una situación particular en España.  Es innegable la doble discriminación que sufren por el hecho de ser inmigrantes y, además, mujeres, puesto que los prejuicios, el trato, el empleo y las cargas familiares y sociales recaen en ellas de manera dramática.

Como decía al principio, los movimientos migratorios han existido siempre. En el caso de la inmigración procedente de América Latina en España, comenzó a aumentar en gran medida durante la década de los noventa, provocando que ocupasen los sectores económicos menos valorados socialmente.

En este sentido, las mujeres latinoamericanas comienzan a ganar protagonismo en el ámbito de la inmigración con fines laborales, principalmente destinados al sector de los “servicios, hostelería y seguridad”, y “venta al público”. Por tanto, se produce una segmentación del mercado, y las mujeres ocupan los “puestos menos cualificados”.

Además, la crisis económica afectó gravemente el sector de la construcción, ocupado en gran medida por hombres inmigrantes, lo que fomentó la llegada de mujeres inmigrantes, hecho que se vio reforzado por la legislación en materia de inmigración, que reconocía el servicio doméstico como un nicho laboral privilegiado.

De este modo, se produce una cierta feminización de la migración en España. Hoy en día, la llegada de mujeres y hombres se encuentra más equilibrada. No obstante, es importante mencionar que algunas de las mujeres latinoamericanas que ocupan este tipo de puestos de baja cualificación, realmente poseen un nivel educativo medio-alto y, en sus países, desempeñaban profesiones de alto rango social.

De esta forma, muchas veces el servicio doméstico sirve como puente de acceso al mercado de trabajo español para conseguir ahorros, mantener a la familia en el lugar de origen o, incluso, llevar a cabo el arraigo familiar.

Vemos, por tanto, una fuerte discriminación en el ámbito laboral. Pero va mucho más allá. La cultura, la etnia y la raza son elementos que también intervienen no sólo a la hora de acceder al mercado de trabajo en España, sino también en el ámbito social, dejando que afloren estereotipos de todo tipo.

Por ejemplo, se suelen preparar a las mujeres “blancas” para el cuidado de niños y ancianos y el desempeño de las labores domésticas.

En este sentido, se prefiere contratar a mujeres latinoamericanas con rasgos “blancos”, antes que contratar a mujeres africanas o de Europa del Este. Por supuesto, el idioma también adquiere un rol importante.

La discriminación, el abuso y trato vejatorio no se limita al ámbito laboral. Como señalamos en el siguiente apartado, las mujeres latinas viven una realidad diferente, teniendo que soportar todo tipo de burlas, prejuicios y actos discriminatorios en todas las esferas de la vida. 

“Las latinas son”, una obra del Teatro sin Papeles

Hace unas semanas, fui con mi amiga Martay otras amigas a ver Las latinas son” en el Teatro de Barrio, un pequeño espacio en el barrio de Lavapiés, Madrid, dedicado a obras de carácter social y reivindicativo.

La obra se presentó poco antes del verano, pero las entradas volaron y no pudimos disfrutar del espectáculo. Por suerte, en esta segunda oleada de funciones, no dudamos en hacernos pronto con las entradas para asegurarnos la visita. Y salimos de allí con la voz y el corazón temblando.

“Las latinas son” muestra una serie de situación que ellas mismas han vivido en propia piel. Situaciones duras y traumáticas simplemente por el hecho de ser mujeres y, además, migrantes.

Desde que las luces se apagan, se despiertan todos nuestros sentidos para sumergirnos de lleno y ponernos en su piel. Las palabras, los llantos, las miradas, las voces quebradas y los gestos, todo está perfectamente medido y calculado con el fin de apelar a la emoción en el espectador.

A través de pequeñas frases y realidades concretas, estas seis mujeres narran su historia y la de miles y miles de mujeres que sufren a diario, principalmente en silencio.

Sin restarle interés en las interpretaciones concretas que se plasman en la obra, éstas son algunas de las cuestiones de discriminación y abuso que se reflejan en ella:

  • `Prejuicios e ideas preconcebidas que atacan a otras culturas (“son vagas, no quieren trabajar, vienen a aprovecharse de nuestras ayudas”).
  • Violencia doméstica (“¿seguro que quieres denunciar?”)
  • Racismo (“tiene cara de indígena”).
  • Infravaloración de capacidades, estudios y conocimientos (“son unas salvajes, no saben criar a sus hijos”).
  • Machismo (“son unas putas”)
  • Negación de sus derechos como ciudadanos (“¿Qué dices, que quieres vacaciones? ¡agradece que te damos un trabajo!”).
  • Desvalorización y ridiculización (“no te entiendo, pásame con alguien que hable español”).  
  • Abusos (“mira que buena está”)
  • Y un largo etcétera.

En ocasiones, parecen pequeños comentarios sin importancia que, en el fondo, son representaciones claras de una sociedad que discrimina, anula y juzga basándose en la procedencia de una persona, su acento o el color de su piel. Es urgente que pongamos fin a este tipo actos aberrantes y vergonzosos.

La importancia de visibilizar esta realidad

Ante esta situación, es urgente que se tomen medidas.

El primer paso parte siempre de mirarnos dentro. Todos, en algún momento, hemos hecho algún comentario o hemos actuado de manera discriminatoria, incluso sin ser nuestra intención.

Por eso, es importante empezar a prestar mucha atención a nuestros pensamientos, palabras y actos, para ser plenamente conscientes de la fuerza y el poder que tienen sobre las situaciones y las personas que nos rodean. Al fin y al cabo, las sociedades están formadas por personas. El cambio está en cada uno de nosotros y nosotras.

Además, si tienes ocasión de apoyar alguna iniciativa como “Las latinas son”, no lo dudes. Para construir una sociedad más justa, diversa y tolerante, debemos conocer y tomar conciencia de otras realidades sociales y culturales. Deja tu huella allá por donde vayas.

Y tú, ¿Conoces otras iniciativas que prueben la tolerancia, la diversidad y la empatía? ¡Te animo a que lo compartas en los comentarios!

2 Comments

  • Silvia dice:

    La migración es siempre un proceso complicado.Es difícil dejar la sociedad en la que se ha vivido para ingresar en una nueva,que muchas veces se muestra hostil.
    Estas mujeres latinas vienen muchas veces de ambientes patriarcales,con presencia de culturas indígenas y suelen resignarse y someterse en el ámbito laboral y social.
    La necesidad de ayudar económicamente a la familia que está lejos inhibe su capacidad de reacción y la defensa de sus derechos.
    Es importante que la sociedad en la que intentan abrirse paso sea solidaria y valore sus cualidades.Parece utópico,pero es posible.Un abrazo.

    • Raquel dice:

      Muchas gracias por tus palabras, Silvia. Coincido en todo lo que dices, no podría haberlo descrito mejor. Por suerte, cada vez más personas están «despertando» ante esta realidad, y tratan de unirse para crear un mundo mejor, más solidario y sostenible para todos. Un abrazo.

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